Sacrificar a Isaac: otra mirada al aborto

Sacrificar a Isaac: otra mirada al aborto

La historia no solamente está en la Biblia, sino en la cabeza de muchos.

  • Catagoría:  Fe
  • Autor:  Miguel Pulido

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Dios le dice a Abraham que sacrifique a Isaac en un monte como una muestra de devoción. Sin ninguna objeción, reparo ni cuestionamiento, el hombre obedece y se encamina en el proyecto de asesinar a su hijo. La orden de Dios incluye estas palabras:

“Toma a tu hijo…al que tanto amas”.

Es la primera vez que aparece la palabra “amor” en la Biblia.

¿Por qué una orden así?

¿Cuál es la razón para que se dé un mandato que incluye la muerte de un niño?

¿Qué clase de Dios pide algo así? Muchos, en realidad. La adoración a los dioses en las culturas antiguas incluía el sacrificio de infantes dentro de sus prácticas cultivadas. Era la manera como se demostraba devoción y compromiso supremo. En la cultura de la cual provenía Abraham (los caldeos) tenemos testimonios de este tipo. Por eso no encontramos una objeción de su parte o ni siquiera un cuestionamiento sobre cómo se hacía el sacrificio de un hijo, ya que era lo convencional: tarde o temprano los dioses te iban a demandar lo que más amabas.

Sin embargo, la historia no terminó allí. Cuando Abraham estaba levantando el cuchillo para fulminar a su hijo, un grito del ángel de Dios lo detuvo y le dijo: “Ahora sé que temes a Dios, porque ni siquiera te has negado a darme a tu único hijo” (Gn 22:12).

Dios no necesita la muerte de un hijo para conocer el corazón de un padre.

Al interrumpir a Abraham, Dios está deteniendo toda una cosmovisión idolátrica que se llevaba a los niños por delante como muestra de supuesta piedad. Dios no es uno que exige, es alguien que provee. Este es un acto de pedagogía divina en el que vemos cómo se quiebra un sistema en el que los más vulnerables eran las víctimas directas de una adoración enfermiza; se inaugura la posibilidad de un mañana diferente en el que se experimenta la gracia divina sin un infanticidio de por medio.

Entonces, pensamos en el aborto.

Los argumentos son tantos y tan diversos que parece que todo está dicho por ambos lados. Unos aseguran que es un derecho de la mujer, otros que es un asesinato. ¿Existe una mirada diferente?

Creo que el problema de base tiene que ver con la adoración. Las culturas humanas han tendido a sacrificar a los más vulnerables en el altar de los ídolos contemporáneos. Es normal encontrar hornos en los que se incineraban vivos a los niños en el Antiguo Medio Oriente.

La situación actual es similar.

No usamos hornos, pero sí quirófanos.

El asunto no se va a solucionar con una legislación a favor o en contra de. No podemos darnos el placebo emocional de considerar que si se prohíbe el aborto todo va a estar bien. Mientras este mundo siga doblando sus rodillas ante el individualismo, la comodidad, el éxito personal, la adoración al no-sufrir, el egoísmo, encontraremos maneras de seguir aniquilando a los demás para demostrar la fidelidad a esos dioses. En realidad, esta no es una discusión progresista, es extremadamente retrógrada, simplemente tenemos deidades con distintos nombres. Si la vida de otro ser humano es un obstáculo para llenar las demandas de un ídolo, los sacrificaremos, bien sea dentro o fuera del útero.

Sigue retumbando ese grito divino: “¡detente!”. No tenemos que sacrificar más vidas en el altar de la idolatría.

La discusión real no es sobre el vientre, sino sobre el corazón.

Porque cuando dejamos a Dios de lado, creímos que nosotros ocupamos su lugar.

 

©MiguelPulido


Miguel PulidoPor Miguel Pulido
Miguel es Teólogo del Seminario Bíblico de Colombia, y pastor de jóvenes de la Iglesia Confraternidad en Bogotá, además de ávido escritor con la capacidad de conectar nuestra realidad con la perspepctiva bíblica.

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