Rodillas en uso

Rodillas en uso

Unas personas deciden hacer el bien, otras el mal.

  • Catagoría:  Fe
  • Autor:  Miguel Pulido
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Lo curioso es que tenemos la misteriosa posibilidad de usar un mismo elemento o una misma capacidad en cualquiera de los dos sentidos.

En un púlpito se comparten mensajes de gracia y paz, pero también se han manipulado a miles.

Hablemos de las rodillas.

Porque ellas también han sido usadas para bien y para mal.

Una de las imágenes icónicas del asesinato de George Floyd es aquella en la que un policía ponía la rodilla sobre su cuello, hasta el punto de asfixiarlo.

Su anatomía sirvió como un arma.

Podríamos hablar del racismo, del exceso de la fuerza, del cuestionamiento a las instituciones (todos temas válidos), pero la cuestión de fondo que nos involucra a todos es que, ineludiblemente, estamos frente a la aterradora posibilidad de hacerle daño a otros, para lo cual hacemos uso de nuestra energía, nuestro cuerpo, nuestras palabras, nuestras capacidades, nuestro tiempo, nuestros talentos.

No es que los malos sean una categoría particular y nosotros somos los buenos (a propósito, ninguna idea es más malévola), sino que todos tomamos la decisión de invertir nuestros recursos vitales de una forma específica.

Decenas de personas justifican al policía diciendo que era una fuerza estatal que estaba ejerciendo su autoridad.

Leí a un famoso colombiano que dijo que tampoco es que Floyd fuera una perita en dulce, dando a entender que se tenía merecido su asesinato.

Pero también nos encontramos a personas que justifican el vandalismo, la rudeza ejercida por manifestantes (que, obviamente, no son el todo de las cosas) y piden que ojalá se murieran los policías.

En nombre de la lucha por la justicia se aplaude el ejercicio del terror, incluso usando la historia como argumento: no ha habido cambios sin el uso de la violencia.

La verdad es que a nosotros no nos molesta la violencia.

Nos molesta sólo cuando no beneficia nuestro punto de vista.

Sin embargo, no puede haber una solución verdadera si se sigue manteniendo la misma conciencia que lo detonó.

Para alterar el lenguaje del entorno tienes que hablar un idioma distinto.

Al final de la historia, si lográramos matar a todos los avaros, los corruptos, los mentirosos, los ladrones, los injustos y los dictadores, solamente quedaríamos los asesinos.

Mientras el respeto sea opcional, la violencia será una alternativa.

Si nuestras ideas requieren de la violencia para expresarse y para ser llevadas a cabo, son demasiado débiles.

Para seguir en la corriente no se requiere ningún esfuerzo adicional.

Por eso lo que hicieron otros policías fue tan significativo.

Las airadas protestas que se dirigían hacia la comisaría y los policías aguardaban a la puerta.

El ambiente era tenso.

¿Se desataría una batalla campal? Los policías se formaron en una especie de triángulo, con su comandante en jefe a la cabeza.

Y entonces, uno por uno, de diferentes razas, trasfondos experiencias, los policías se hincaron y bajaron su cabeza.

Doblaron sus rodillas, ya no para perpetuar una muerte sino para pedir perdón.

Se desataron abrazos en lugar de disparos, lágrimas de alegría y no de rabia, algunas risas donde la ira se había establecido y la latente esperanza de la posibilidad de un camino diferente.

Mientras el mundo alrededor ardía, esa pequeña escena de gracia se levantaba como una bocanada de aire fresco para un mundo necesitado de un lenguaje diferente.

Porque los errores no se arreglan con un nuevo error; se arreglan reconociéndolos.

Siempre me llamó la atención que el concepto de arrepentimiento trajera consigo la imagen de dar la vuelta.

Porque todos nos hemos extraviado.

Porque todos necesitamos retornar a casa.

 

©MiguelPulido


Miguel PulidoPor Miguel Pulido
Miguel es Teólogo del Seminario Bíblico de Colombia, y pastor de jóvenes de la Iglesia Confraternidad en Bogotá, además de ávido escritor con la capacidad de conectar nuestra realidad con la perspepctiva bíblica.

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