Reseña del Libro: ¿Qué le pasó al culto en América Latina?

Reseña del Libro: ¿Qué le pasó al culto en América Latina?

Reseña bibliográfica del libro “¿Qué le pasó al CULTO en América Latina?” de Miguel Ángel Palomino, Ediciones Puma (2011), 128 páginas.

  • Catagoría:  Iglesia para Dummies
  • Autor:  Manuel Reaño
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Resumen:

El autor inicia haciendo una extensa e interesante revisión de la bibliografía existente hasta entonces sobre este tema, mencionando de manera separada –para resaltarla– aquella que ha sido producida en nuestro idioma y en nuestra parte del mundo. De ahí, para aterrizar en el presente, propone dos hipótesis interesantes: la primera dice que la renovación cúltica en Latinoamérica ha causado un debilitamiento de los distintivos denominacionales, con lo que también se ha debilitado la identidad del cristiano y por consiguiente su fidelidad a la iglesia local.

La segunda hipótesis dice que el culto ha sido entregado en las manos de músicos talentosos y ávidos de atraer a las personas a la iglesia mediante espectáculos religiosos que muchas veces carecen de profundidad teológica, lo cual ha generado un crecimiento numérico importante, pero igualmente carente de esa profundidad.

El propósito de la obra, en palabras del autor, es el de “desarrollar entonces un panorama descriptivo y crítico de lo que ha sido el culto evangélico en las cuatro últimas décadas, centrándose en lo que se conoce hoy como el culto renovado a fin de desarrollar la primera hipótesis”, lo cual logra muy efectivamente.

El segundo capítulo es un breve pero bien informado atisbo a la relación histórica entre el culto, la iglesia y la misión, tan intrincadamente entretejidas en nuestro subcontinente, que empieza a dibujar igualmente los orígenes de las formas de culto desarrolladas aquí. Eso da pie a un estudio todavía histórico pero más detenido, en el tercer capítulo, del desarrollo por décadas de lo que él llama el “culto tradicional” de los sesentas, al “culto contemporáneo” en los setentas, el “culto televisivo o de entretenimiento” en los ochentas, hasta llegar al “culto renovado” de los noventas.

Como resultaba lógico, el cuarto capítulo entra de lleno al análisis de ese culto renovado o neopentecostal, comparándolo en detalle con el culto pentecostal clásico y con el evangélico tradicional. Hace además ahí Palomino una observación detallada de los diferentes actores del culto, de manera especial el director del mismo y de cómo ha ido adoptando una posición cada vez más influyente no solo en el desarrollo del culto sino que, a través del mismo, en todas las esferas de la vida de la iglesia; el predicador como el encargado de interpretar la Palabra pero también de asegurarse de que las señales y prodigios que la gente espera ocurran, y los guerreros de oración. Esto lo hace a través de la descripción de las funciones de cada actor en iglesias representativas.

El capítulo 5 retoma el tema histórico, pero esta vez en búsqueda de las raíces reformadas del culto evangélico, haciendo un paralelo con la revolución que significó la separación de Roma también en este sentido por parte de los reformadores inicialmente en ese siglo XVI y de las influencias que fueron trayendo posteriormente los desarrollos puritano, pietista y evangélico conservador, en ese orden en los siglos subsiguientes, hasta llegar nuevamente al culto del siglo XXI.

El capítulo 6 nos regresa al presente, mediante la inevitable mirada a la influencia del posmodernismo en el culto cristiano, en el mundo primero y después específicamente en América Latina, lo que da pie a que en el siguiente capítulo se mire al tema del culto en las Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, haciendo luego un muy necesario estudio de las palabras “alabanza” y “adoración” en sus usos originales, que lleva al autor a hacer un esquema de los elementos que necesariamente deben constituir parte del culto cristiano en cualquiera de sus variantes. El capítulo cierra con una descripción y valoración de las danzas litúrgicas y otras expresiones físicas (abrazos, besos, palmas, etc.).

El séptimo capítulo cierra el libro llevándonos desde los fundamentos básicos de la música, hasta ver cómo ellos se hacen parte e influyen en el culto cristiano, pero como un agente que –por lo general– siembra e inyecta en él la cultura circundante, para luego meternos en el mundo de la así llamada música “cristiana”, desde preguntarse si algo así existe, hasta entender su desarrollo explosivo de las últimas décadas y su rol desde el asiento del piloto en el diseño y dirección del culto, que muchas veces nos ha llevado desde una (para algunos necesaria) inicial relajación de la solemnidad, a la irreverencia, y por último al sacrilegio, en el que las creencias y principios bíblicos se sincretizan con la superstición y el paganismo populares.

 

Mi opinión:

Haciendo a un lado el cariño y admiración que confieso por el autor, un amigo personal muy cercano y de muchos años, encuentro en este libro muchas virtudes, una de las cuales es también un defecto.

Para empezar, es un libro bastante breve, que se puede leer de una sola sentada, o que se puede llevar a todas partes para ir aprovechando tiempos vacíos de espera mientras se desarrolla la vida. Además de breve, está escrito en un lenguaje que debería ser asequible a un público bastante amplio, lo cual lo hace muy valioso, ya que podría –y debería– ser usado con una base igualmente amplia en nuestras iglesias, con el fin de que empecemos a entender (y amar y cuidar y defender) lo que hacemos, en vez de simplemente hacerlo, y dejarlo manosear y vilificar por quien quiera y sin más razón que porque sí.

Conociendo el trasfondo académico de Palomino, delatado en su recurso a la historia como elemento estructural de análisis, su uso de los pies de página y en la desproporcionada bibliografía (desproporcionada al tamaño del libro, esto es), esta virtud de brevedad y simplicidad en un libro escrito para que todo el que tenga un pequeño interés en el tema lo pueda entender y disfrutar, es aún más encomiable.

Tampoco es fácil dejar tantas preguntas abiertas sin dejar al mismo tiempo en el lector la sensación de haber sido estafado por un escritor que se esconde detrás de las preguntas sin responder. Palomino dice sin ambages dónde está en cada caso, qué le gusta y qué no y por qué, pero con mucho respeto por quienes puedan pensar de manera diferente y hasta opuesta.

Eso hace que la lectura sea estimulante, porque a pesar de saber cómo responde o respondería el autor a algunas de esas preguntas, eso no me quita ni las ganas ni la responsabilidad de responderlas yo mismo como lector, independientemente de mi trasfondo denominacional, mis afiliaciones personales o mis preferencias estéticas.

El defecto de este libro, que mencioné más arriba, es el mismo que una de sus virtudes: su brevedad. En tan poco espacio, es imposible ir más allá de un “calentar motores”, dejando al libro en calidad de aperitivo (o primer inglés), algo que lo deja a uno más que ligeramente insatisfecho.

Desde un punto de vista académico, se puede argumentar que eso es una virtud, por supuesto, pero mirándolo como un libro de amplio acceso, evidentemente dirigido a un público no necesariamente endurecido en las trincheras de la historia, de las letras, de la filosofía, podría haber ido un poco más allá, dejando al principiante no solo con hambre de más, sino lo suficientemente armado como para que, si no va a desmenuzar la bibliografía final, tenga con qué defenderse bien leyendo y releyendo lo que tiene en las manos.

En todo caso, un libro bien investigado y escrito por alguien que evidentemente conoce y ama a la iglesia evangélica latinoamericana, de fácil y agradable lectura y que –a pesar de los casi diez años transcurridos desde su publicación– sigue siendo vigente y de mucha utilidad para cualquiera que tenga un interés en este tema, que deberíamos ser todos los cristianos en realidad.

Medellín, abril de 2020

Esta información se recoge en la página web de Ediciones Puma. El autor de la reseña tuvo acceso a un manuscrito de 2010, facilitado por el autor del libro, el cual tiene 107 páginas.

Manuel ReañoPor Manuel Reaño
Manuel está con un nuevo ministerio llamado Koinonos (Socio), que promueve modelos saludables de ministerio pastoral, previene el desgaste ministerial y proporciona asesoramiento y apoyo a los pastores, los líderes de los ministerios cristianos y sus familias.

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