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Libertad, simbolo de una restitucion familiar.

Libertad, simbolo de una restitucion familiar.

La Libertad es el mayor favor que la divina providencia puede darle a los pueblos del mundo.

Durante casi todo el siglo XIX y parte del XX se dieron todas las luchas emancipadoras de las naciones americanas, africanas y de Australia, quienes con sangre pagaron el precio de una Libertad que añoraron y que pocos vieron realidad, porque fueron presa de la muerte de las feroces guerras que nuestros libertadores libraron en el frente de batalla.

Pero de todas las luchas armadas que se han dado alrededor del mundo con este fin, hay una que resalta sobre las demás y que la humanidad en las tinieblas de violencia contra su prójimo y consigo mismo no ha reconocido.

Son populares alrededor del mundo fechas claves como el 4 de julio de 1776, día en que los Estados Unidos de América se hicieron al título de nación, y que daría lugar a la tan célebre revolución francesa, con sus insignias Fraternidad, Lealtad y Libertad.

Pero más allá de una emancipación, La Libertad tiene en el plano espiritual un valor  intrínsecamente familiar, la cual va más allá de unas cadenas que vilmente amarran a miles de seres humanos alrededor del mundo, a un árbol u otra cosa a través del secuestro, es una restitución familiar.

No nos damos cuenta que La libertad es el sentimiento más profundo que Dios expresa con su amor al darnos  a su hijo para que él muriera por nosotros, con el fin de restituirnos como hijos suyos, y darnos una herencia eterna, a la que habíamos renunciado a causa de nuestra maldad, y que generosamente Dios devuelve a través de su Hijo, para que lo disfrutemos en Libertad en la tierra, y completa Libertad de la tentación en su presencia durante la eternidad.

La Libertad es el símbolo de la restitución familiar porque es el padre el que reconoce a nosotros sus hijos, el legítimo derecho de nuestra eternidad.

La Libertad que da el padre es una fecha especial porque se pagó a precio de sangre, sangre que es La Vida, y así como la que se escribe en las actas de independencia dan el nacimiento a las naciones, este acto de Jesucristo, dio lugar a la creación de una nación que se abre a las fronteras que tiene geográficamente el país Israelita, y se extiende a nosotros los que hemos creído en el Mesías (Jesús de Nazaret).

En este sentido, La libertad nos otorga diferentes derechos  como nación santa, pueblo adquirido por Dios:

1. Ciudadanía

2. Herencia (Eternidad)

A su vez esto nos otorga espiritualmente hablando, el título de extranjeros en este planeta, al ser embajadores tenemos la obligación de ser testimonio de la nación del reino de los cielos, ya que el embajador  es el encargado de representar su estado en otro extranjero

Y esto va más allá, porque ellos manejan el tema de extra territorio, es decir, el suelo extranjero que pisan es como si pisaran el suelo de su propio estado, y por esto en su calidad de diplomáticos no están atados a las leyes del país donde  se encuentran.

Nosotros disponemos de esa inmunidad diplomática porque ya no estamos en condenación los que han aceptado La Libertad en sus vidas.

 Pero los embajadores deben ser de buen comportamiento, porque son los representantes de sus naciones.

Así mismo, la obligación en este sentido es ser el reflejo del amor de Dios, porque somos embajadores de la nación del reino de los cielos y lo que se haga, hablará en ese sentido cómo es dicha nación.

Pero lo más relevante de la Libertad, es que amplía el concepto de familia, que ya no solo se reduce a papás, mamás, hijos, esposos, abuelos, bisabuelos.

Sino que le da un valor histórico, porque ya nuestro familiar más lejano es Abraham, similar a los judíos quiénes en la biblia se sentían orgullosos de ser hijos de él, así nosotros podemos hablar del mismo modo, basados en la promesa de Dios al padre de multitudes (Abraham).

En Conclusión, La Libertad es el símbolo de una restitución familiar porque Dios nos abraza en el seno de su familia, que Él constituyó desde un principio como hechura suya para su gloria, honra y alabanza de su nombre.

Basado en Efesios 1: 1-14.



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