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Jesús, Trump y las corridas de toro


Jesús, Trump y las corridas de toros,  poner la otra mejilla, cuestionar la maldad para desnudar su irracionalidad, sigue siendo inteligente y verdaderamente revolucionario.

Jesús, Trump y las corridas de toros

Jesús le respondió: Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas? (Juan 18:23)

En medio de la madrugada, Jesús está siendo sometido a un juicio ilegal, viciado, claramente inclinado a favor de los que lo querían inculpar. Su respuesta contundente frente a los interrogantes del sumo sacerdote disparó la acción violenta de un soldado, quien lo golpeó. Ante esto, contestó con un interrogante.

Jesús cuestionó la violencia.

Le preguntó al hombre sobre la razón por la cual lo golpeaba. Pero no encontramos ninguna repercusión del soldado. No tuvo nada que decir.

Porque todo acto violento es irracional.

Si rastreas la palabra “bofetada” en los evangelios, verás que aparece en otro lugar. En el Sermón del Monte (Mateo 5-7), Jesús dijo que, si alguien te daba una bofetada en tu mejilla, debías volverle la otra. Algunos piensan que esta es una acción estúpida, donde se apoya silenciosamente al agresor, quien sigue perpetuando su maldad a costillas de la incapacidad de la víctima de responder. Pero cuando vemos la respuesta de Jesús una noche antes de morir, nuestra perspectiva se transforma.

Sí, la violencia es irracional. Sí, no sirve de nada responder a la violencia con violencia, porque entonces la espiral nunca desacelerará su incesante ritmo. Pero eso no significa quedarse en silencio. El mayor acto de protesta puede ser una simple y profunda pregunta: “¿por qué?”. De esa manera se está desnudando que ninguna violencia puede ser justificada, explicada o respaldada. La forma de quebrar el status quo que ha escrito la violencia es cuestionándola. Eso es poner la otra mejilla.

Hace unos días, Donald Trump se posesionó como presidente de los Estados Unidos. Independientemente de las preferencias políticas, no podemos negar que es un personaje polémico. Sus declaraciones crean mella en temas sensibles como la mujer, el trato a los inmigrantes, las acciones frente a algunas minorías, entre otras. Algunas veces, los medios de comunicación descontextualizan sus declaraciones para tener más audiencia, pero en otras, sus palabras destilan el característico hedor de la violencia verbal.

No se tiene que golpear a alguien para herirlo.

Meryl Streep, en su conocido discurso en contra de Trump, mencionó una ocasión en la que se burló de personas con problemas físico-cognitivos. Allí se evidenció el dolor que pueden causar las palabras, el daño que le podemos hacer a otros con simples discursos.

Una ola de posiciones en contra de Trump se ha levantado. Muchos de esos pronunciamientos se burlan, lo ridiculizan, lo denigran. No son formas de poner la otra mejilla, porque se está respondiendo al mal con mal. No se está deteniendo la espiral de violencia que sus palabras desencadenaron.

El domingo pasado cientos de personas se pararon en la plaza Santamaría para protestar por la reactivación de las corridas de toros. Los manifestantes reclamaban el respeto a la vida de estos seres creados, rechazando el espectáculo grotesco que significa el asesinato en un ruedo. Cuestionaban el criterio y moralidad de los que asistían a dichos eventos.

Pero también usaron la violencia.

En el calor de momento, algunos se abalanzaron para agredirlos. Otros disparaban dichos contra esos seres humanos, no contra los hechos que perpetuaban. Por defender a los animales, lastimaron a personas.

Si defender a unos nos lleva a lastimar a otros, no es una defensa válida.

Porque estamos permaneciendo en la violencia.

Por eso poner la otra mejilla, cuestionar la maldad para desnudar su irracional, sigue siendo tan inteligente y verdaderamente revolucionario. La mayor resistencia contra un sistema de violencia es pararse frente a los victimarios y cuestionarlos. Así mostraremos que el amor es firme, y es la respuesta más poderosa contra cualquier clase de mal. Miremos a los ojos a todos los violentos y sigamos haciendo esta sencilla pero poderosa pregunta:

“¿Por qué hacen eso?”.

©MiguelPulido


Miguel PulidoPor Miguel Pulido
Miguel es Teólogo del Seminario Bíblico de Colombia, y pastor de jóvenes de la Iglesia Confraternidad en Bogotá, además de ávido escritor con la capacidad de conectar nuestra realidad con la perspepctiva bíblica.


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