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Una FE que se ve

Una FE que se ve

¿Alguna vez le han pedido una “monedita” en la calle?, seguro que sí, a todos alguna vez nos han pedido una moneda, una ayudita o una pan en la calle, sí usted es de alguna ciudad latinoamericana entenderá esta pregunta.

Pero es aquí donde viene la otra pregunta ¿qué hacemos cuando esto sucede?, damos la ayuda o nos hacemos los indiferentes, los que no nos importa, los que estamos ocupados o los que tenemos mucho afán. 

Hace algunos días un habitante de la calle me pidió una monedita mientras yo me deleitaba al comerme un pastel de pollo (pasteles que me encantan), ese momento es tan glorioso para mi, que no deseo que nadie en el mundo me interrumpa tan sublime éxtasis al comerme esa delicia, y es ahí donde hice lo que normalmente hacemos cuando alguien nos pide algo, nos metemos la mano al bolsillo y decimos: No tengo. 

Ese día hice lo mismo, pero al meter la mano a mi bolsillo toqué algunas monedas que sonaron ante aquel toque, y aun así tuve el descaro de decir: “no tengo plata”, el hombre me miró y me dijo ah bueno, gracias, y en ese segundo vino un pensamiento profundo y agudo a mi cabeza que me dijo: “mentiroso, sí tienes, llámalo y dale lo que tengas en el bolsillo, ah y además dale el pastel que te estás comiendo”.   

En ese momento fui confrontado y desafiado a llevar mi fe a la práctica, al dar al necesitado las pocas monedas que tenía en mi bolsillo y entregar ese pastel que tanto estaba disfrutando.  Esta anécdota me llevó a pensar en una fe visible, en una fe que sea evidente, que se pueda tocar, que se pueda palpar. 

Eso era lo que Santiago, (el hermano de Jesús) quería ver en los lectores de su carta en el siglo primero, personas que acompañaran su fe con obras (Santiago 2:14-26).

Santiago nos invita a tener una fe que actúa ante la necesidad del necesitado, una fe que obedece cómo lo hizo Abraham al determinar sacrificar a su hijo, y una fe que arriesga, como lo hizo Rahab (la prostituta) al esconder a los espías israelitas en Jericó antes de la completa destrucción de la ciudad. 

Si nuestra fe no es una fe que se ve, entonces llega a ser una fe estéril, una fe muerta, y como lo dice el mismo Santiago una fe de demonios, porque de nada sirve sólo creer sino la llevamos a la acción, sino practicamos esa fe.

Entonces las preguntas que yo me hice y que le hago hoy son: ¿cómo puede llevar su fe a la acción?, ¿qué debe obedecer para hacerlo?, ¿qué debe arriesgar con tal de llevar su fe a la acción y a la práctica?.

Pensando en estas preguntas recordé la historia del Padre Damián de Molokai, quien siendo aun joven decide dejar su país (Bélgica) para ir a servir a los leprosos de Hawai, construyendo colegios, adecuando hospitales, creando el coro,  enterrando a quienes morían, organizando sus casas para que fueran más habitables, haciéndoles una vida más agradable a pesar de su enfermedad.

Convirtiéndose así en amigo, pastor, padre, compañia para niños, niñas, hombres y mujeres desahuciados a causa de la lepra, y a quien después de 16 años de servicio en la comunidad se le escucha decir en el sermón dominical “nosotros los leprosos” contrayendo también la enfermedad que lo lleva a la muerte  4 años más tarde a sus 49 años de edad.

Entonces, ¿es su fe visible?, ¿qué estás esperando para llevar tu fe a la práctica?, ¿es usted de los que simplemente cree?

Andres RinconPor @andreszonaj
Escribo lo que pienso. Este No es un espacio de reflexiones o pildoritas para hacerlo sentir bien, mas bien tiene la intención de hacerle sentir lo contrario. Fundador de ZONAJ.



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