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Mujeres, felicitaciones en su día

Mujeres, felicitaciones en su día

De las mujeres se han escrito cartas, poemas y cantos se han entonado en honor a ellas, pero es necesario recordar que son el instrumento de la vida, y quienes merecen el mayor de los respetos y de la gratitud para soportarlo todo.

Desgraciadamente, la mujer a lo largo de la historia ha pasado de ser un bien material, a  personas con los mismos derechos y facultades que los hombres.

Si en verdad queremos celebrarles este día a las mujeres, deberíamos abiertamente decirles que nos perdonen, ya que nosotros los hombres no hemos estado a la altura de sus expectativas.

En primera medida, es menester mencionar el inicio de todos nuestros abusos, el primero fue en el jardín del Edén, que al vernos cogidos por Dios por desobedecer sus ordenanzas, despectivamente expresamos: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”.

A partir de allí, se le consideró a la mujer corta de entendimiento, frágil y vulnerable, las apartamos de las decisiones de gobierno, de la sociedad, de la familia y hasta de sus propios sentimientos, ya que los hombres nos tomamos la atribución de escogerlas por  mujer sin su consentimiento.

“La virgen sus cabellos, arranca en agonía, ….”

Es costumbre recordar el calvario de Jesús en la cruz, pero pensamos muy poco en el suplicio de María, que representa a las millares de madres que tienen que sufrir solas el dolor por sus hijos, gracias a la arrogancia y la ambición de poder desbordante que llenan los corazones de los hombres y que se cobran una altísima cuantía de viudas y desamparadas que quedan por la ausencia de esposos e hijos tras las guerras en el mundo.

Como no va a representar este verso del himno de Colombia, la realidad de la mujer en el planeta entero, hemos hecho que la dignidad de la mujer agonice, porque su figura es usada para incentivar el consumo de productos, para subir el rating y para incrementar la cantidad de visitas de los cibernautas en la red.

“… y de su amor viuda, los cuelga del ciprés…”

La maldad del género masculino hacia la mujer ha pasado todos los límites imaginables, se ha perdido el respeto gracias a que la moral es un tema relativo, en el cine y la televisión se incentiva el desprecio por el amor, abrazando perdidamente la sensualidad.

Deberíamos pedirle perdón a las mujeres, porque las vemos como objetos sensuales, para satisfacción personal, y las hemos llevado a que ocupen algunas de ellas la “profesión” más antigua de la tierra. Y por eso la mujer anda viuda de amor, porque las miramos primero por su cuerpo, y después como persona.

“…Lamenta su esperanza, que cubre loza fría…”

Pero pareciera que no todo estuviera perdido, porque hemos empezado a comprender la igualdad de la mujer, que no es un objeto, y que puede ser hasta mejores que nosotros los hombres.

Esa es la esperanza que una mujer tiene todos los días, en que se le reconozca todos los días su esfuerzo, su dedicación, que no se menosprecie por su figura física, que sin imaginarlo, destroza su autoestima.

Deberíamos pedirle perdón por lo lentos de entendimiento, lo cobardes y orgullosos que hemos sido con ellas para entender, que Dios nos las dio para ser una sola carne, un solo cuerpo, esa es la esperanza que en lo íntimo del corazón ellas desean que entendamos, y a veces con nuestras acciones miserables, hacemos que se desparramen por el suelo frío todas sus esperanzas de ser ubicadas en el lugar que en realidad les corresponde.

“…Pero glorioso orgullo, circunda su alba tez”

A pesar de estos abusos, hay que aplaudirles con sinceridad, porque a pesar de la enorme discriminación que hemos hecho y seguimos cometiendo contra ellas, han sobrevivido con valentía, han tomado las riendas de su vida, de su familia, de su sociedad y han impartido cambios significativos en momentos cruciales de la humanidad.

Aunque quedan viudas y desamparadas, jamás se dan por vencidas, en muchas ocasiones han hecho el papel de papá y mamá al unísono, han traído el pan a la casa, trabajan en las empresas y en sus propias casas más de 18 horas.

Sin protestar ni quejarse, aunque se las coma el dolor por dentro fría y lentamente, como suplicio de nunca acabar, salen adelante con sus logros, los sueños hechos realidad y sus hijos, con glorioso orgullo que circunda su alba tez.

Aquí no tendríamos que decirles “Feliz día” sino “Felicitaciones” porque la grandeza de su existencia está determinada por ese espíritu de lucha sin cuartel, que no se amilana ante las dificultades, sino que las supera, aún cundo les hemos delegado gran parte de las responsabilidades que nos corresponden a los hombres, y que ellas responden a cabalidad.



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