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Compartiendo en tiempos de guerra

¿Sería usted capaz de crear una amistad con una persona que le podria traer mas problemas que beneficios a primera vista?

Compartiendo en tiempos de guerra

Por Mark Peterson, Director Ejecutivo, Bridgeway Foundation

Yo paso por muchos hoteles en países en desarrollo durante todo el año. Pero este era completamente diferente. Tenía un lobby lujoso, pisos de marfil, y un almuerzo estilo buffet exótico. Aun así, el mejor hotel en este país era literalmente un fuerte armado.

Cruzar el punto de control del hotel en el centro de la capital significaba pasar a través de perros antiexplosivos y soldados con ametralladoras, detectores de metales, requisas de todo el cuerpo, y espejos asegurados en palos largos para revisar a los automóviles por debajo.

Era mi primera vez en una zona de guerra. En medio del caos: un aparentemente pacifico hotel de 5 estrellas soportando horas sin luz, toques de queda, y generales del ejército congregados en las salas de conferencia. Mire afuera por mi ventana y vi soldados de Turquía, Los Estados Unidos y España movilizándose en el patio.

Esa noche no pude dormir – a las 3 de la mañana estaba completamente despierto, mi reloj corporal quejándose  y mi estómago gruñendo por una cena a varias zonas horarias de distancia.  Para evitar el despertar a mi compañero, termine en el lobby con un libro en mi mano. Era una noche obscura y solitaria.

Luego de abrir mi libro y sentarme en el sofá, sentí un par de ojos que me miraban. La sensación de estar siendo observado persistía mientras yo leía. Ya por la página 4 estaba harto; Mire hacia arriba y me quedé mirando al administrador. El me sonrió tímidamente, “Le puedo traer un té caliente?”  Moví mi cabeza diciéndole que sí.

En vez de quedarme sentado en el sofá del lobby dentro de mi burbuja de privacidad, me levante para terminar de tomar el té en la recepción. Comencé hablando con un joven al que llamaremos Mohammed.

Una hora paso volando; hablamos del lenguaje, la política, el papel de la mujer, la guerra, la familia, el trabajo, y los amores de nuestras vidas. Y entonces, una vez me di cuenta que tenía un día lleno de reuniones en unas cuantos horas hice el intento de irme y decir buenas noches. Mientras me iba, una pregunta de Mohammed resonaba fuertemente en mi cabeza: “¿vas a volver mañana por la noche?”

Esa semana realice demasiadas actividades: trabajando durante el día y siendo testigo del stress de la guerra y la pobreza, además de las conversaciones de medianoche mientras bebía te en la recepción. En esta parte del mundo, dicen que beber 3 tazas de té en compañía de alguien crea una amistad: en la primera taza, eres un extraño; en la segunda taza, eres un conocido y en la tercera copa ya eres como de la familia. De esta forma me sucedió con Mohammed.

Recuerdo mi decisión consciente de cruzar la línea de no retorno. Esta era el punto en el que yo sabía que beber otra taza, quedarme otra noche, significaría que yo le estaba comunicando que era su amigo, y más que eso, compromiso.

Entendí que debido a la increíble pobreza de este país, el tamaño de su familia, y la severidad de la guerra, mi voluntad por sostener una relación a larga distancia sería en cierta forma un salvavidas de esperanza el cual necesitaría mucho más que cualquiera de las amistades que yo ya tenía. Esta llevaría a una inversión de mi dinero, tiempo, paciencia y un excepcional entendimiento multicultural. No era una amistad para tomar a la ligera.

Pero di el primer paso y regrese a casa teniendo un nuevo amigo— una amistad sostenida a través del celular y el internet, y compartida con mi familia.

No tardo  mucho para que comenzara el sufrimiento. Tres meses después de tomarnos las 3 tazas de té, suicidas con explosivos atacaron el hotel con armas y bombas. El colega de Mohammed – el que se paraba al lado de él en la recepción – fue asesinado; Mohammed se salvo, al tirarse al suelo y hacerse el muerto. Los fundamentalistas comenzaron a enviarles mensajes de texto amenazantes, y cartas anónimas comenzaron a ser colocadas en el frente de su casa.

Desde ese día, su lugar de trabajo ha sido atacado otras 2 veces más con cohetes que buscan ser portada en las noticias internacionales.

Aun así, Mohammed persevera en su peligroso trabajo, ganando dinero para mantener su familia de 8 personas – hijo de un padre inválido y varios niños de familiares sostenidos en el hogar.

El beberme esas 3 tazas de té me conecto con un mundo en el borde de la destrucción. Nuestra amistad me ayudó a salir del entendimiento tan plano que yo tenía a una apreciación más amplia más de las noticias que yo veía. Por ejemplo, yo nunca podría apoyar el uso de la burqa. Aunque él me comento algo: en su cultura, cubre y protege a la mujer de otras formas de abuso común en su sociedad. Continuo sin estar de acuerdo, pero Mohamed me dio el regalo de una perspectiva alternativa.

Cuando miro a las tareas y complicaciones que llenan mi día, y mi Blackberry vibra con un mensaje de Mohamed, doy una oración de gracias antes de responderle. Durante los dos años pasados, nuestros frecuentes mensajes de texto y llamadas de celular “pérdidas” (muy caras para responder), chats de Facebook y largos emails no han sido una interrupción para mí.

He sido retado a verlos como una intervención divina, un mensaje angelical para ayudarme a comprender que mis urgentes prioridades no son tan importantes como yo creo. Son una puerta que se abren a un mundo que necesita que le muestren apoyo y buen corazón.  Es solo a través de las acciones pequeñas, cuidadosas y consistentes de individuos que nuestro mundo puede ser sanado.

Mis visitas mensuales a Western Union equivalen al valor de una cena en un restaurante para dos y le permiten al estudiar en sus horas libres en una escuela vocacional. Él esta mejorando sus habilidades con la esperanza de tener un trabajo que pague mejor en el futuro.

En tan solo 15 cortos minutos el puede recoger el dinero al otro lado del planeta!  Lo que es algo sin mucho valor para mi es milagrosamente transformado en desarrollo educacional para el y esto es muy agradecido por él.

El regalo de esa relación para mi es que he aceptado a otra persona en mi corazón. Me he hecho vulnerable, y encuentro gozo en unir al este con el oeste. Dar ya no es algo agotador sino algo enriquecedor.

Dar a través de una transacción es fácil. Inscribirse para que mensualmente le retiren dinero de su cuenta para apoyar a ese chico en su nevera, llenar un formulario en línea con su ID y contraseña y dar clic en donar también es fácil. Cada uno de estos actos de bondad es muy bueno y deberían suceder más a menudo.

Pero mejor aun es el dar de una forma en la cual se da la oportunidad de transformación tanto a el que da como al que recibe. Esto requiere que uno quede expuesto y vulnerable a ser herido. Es peligroso y lleno de oportunidades para malentendidos; las relaciones que nosotros tenemos son complicadas y a veces caóticas.

Esta bondad que transforma nos llama a un nivel mas profundo de compromiso y gracia con los demás. Nos reta a repensar las ideas que tenemos acerca de la persona que da y la que recibe; No se trata únicamente acerca de intercambiar dinero.  Por que en mi relación con Mohammed, me doy cuenta que recibo tanto como doy.

Mark Petersen es el director ejecutivo de la Bridgeway Foundation, basada en Cambridge, Ontario. La misión de esta fundación de ayudas económicas es la de estimular la innovación dentro del sector social y fortalecer las capacidades de la organización para servir en Canadá y en el mundo. El tambien es el autor de un blog sobre la fe y la filantropía titulado Open Hands.



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