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Amaras a tu semejante como te amas a ti mismo

Amaras a tu semejante como te amas a ti mismo

¿Que es el amor? ¿Que clase de relaciones son las que estamos llevando en nuestras vidas? ¿Llevamos el amor de Dios en nosotros en realidad?

El amor es una palabra que se ha definido de diferentes formas, puede representar un sentimiento o una acción.

En nuestro contexto juvenil lo primero que se nos puede venir a la mente cuando oímos la palabra amor, es un corazón rojo que late por la silueta de otra persona del sexo opuesto, es así como lo pintan las caricaturas animadas o los afiches.

De hecho desde el principio han existido diferentes clases de amor, todos son buenos ante los ojos y parámetros que Dios ha establecido.

Existe el amor Eros, viene de erótico, el enfoque es físico, este es el amor que hay entre los dos sexos y que busca placer sexual y satisfacción personal, fue diseñado por Dios para que lo disfrutemos en el contexto del matrimonio.

La segunda clase de amor es el Filia, es un amor que se caracteriza por la seguridad, que se impulsa por la necesidad de compañía, ya que el ser humano necesita amar y ser amado.

El amor Filia se caracteriza por ser mutuo entre dos personas, y se caracteriza por ser como lo define Aristóteles: “Solo aquel que se lo merece puede ser amado”.

Esta clase de amor es condicional, te amo si, te amo mientras que….

Esta es la clase de amor con la que amamos y a la vez es con la que nosotros nos relacionamos con los demás, es una clase de amor ciego, y para muchos resulta ser el matrimonio el momento en el que abren los ojos, produciendo tras de si tantos divorcios y separaciones.

La tercera clase de amor es el amor Ágape, es un amor incondicional, es aquel que afirma: Te voy a amar aunque me cueste la vida.

El samaritano de Lucas en el capítulo 10 versículo 25, sacó de sus ingresos para ayudar a un desconocido, no sabía si este iba a ser agradecido o quizá si en respuesta pudiera hacerle daño por el contexto social de la época, recordemos que judíos y samaritanos no se la llevaban bien.

Este amor es el que se compromete con los demás sin importar los errores o las fallas, se caracteriza por el dar y no por el recibir, está impulsado por el espíritu y centrado en el sacrificio.

Margaret Thatcher, primera ministra de Inglaterra afirmó: “Nadie se acordaría hoy del buen samaritano si además de buenas intenciones no hubiera tenido dinero”

Thatcher tenía razón, se necesita soltar de lo que tenemos para demostrar el amor de Dios, el samaritano renunció a parte de sus ingresos, soltó los prejuicios sociales que tenía y que posiblemente le habían sido inculcados desde la niñez.

Cuantas veces somos implacables con los demás, cuántas veces rechazamos a los demás por factores externos como apariencia física, palabras, actitudes, incluso seleccionamos nuestras amistades.

Ágape es el amor que dice: “Me podrás seguir partiendo en pedacitos, pero cada uno de ellos te seguirá diciendo: Te amo”

Este es el amor incondicional que resume todo el mensaje de la biblia en estas palabras: Amarás (Ágape) a tu semejante como te amas (Ágape) a ti mismo”

Esta es la clase de amor que Dios quiere que nosotros expresemos.
Por mi parte, he aprendido a tolerar a las personas a pesar de sus defectos y las cosas que no me gustan, he renunciado al orgullo y hacer lo que se hace normalmente por amar a las personas, porque el amor de Dios no se condiciona si el otro me quiere, si yo lo quiero, si el dice o hace, o al contrario, si yo digo o hago.

Quizá en los  últimos meses he tenido que aprender con rigor este tema, pero me he dado cuenta que en retrospectiva que el orgullo, el rencor o el odio no hacen parte de mi vida, y que no harán parte gracias a este amor que lo dio todo, por todos sin importar que hombres como Darwin, Nietzsche, Hitler y otros millones desmeritaran tal grandioso acto de amor.

Si Dios lo hizo, ¿Qué autoridad tenemos para no hacerlo si estamos llamados a seguir su ejemplo?


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