Cuando usted ama a una persona que no ama a Cristo

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Simples consejos para que tu puedes actuar correctamente hacia esas importantes personas que queremos y que aun no siguen a Jesucristo

Simples consejos para que tu puedes actuar correctamente hacia esas importantes personas que queremos y que aun no siguen a Jesucristo

Cuando usted ama a una persona que no ama a Cristo

Recientemente he recibido varios emails de amigos cristianos en los cuales se me pregunta cuál es la mejor forma de tratar a las personas en sus vidas a quienes ellos aman, pero que no aman a Cristo. Un hijo quien su padre no es salvo; un hombre cuya esposa no quiere saber nada sobre su nueva vida; una mujer la cual su fe está tensionando su relación con su mejor amiga. Cosas así.

Todos los cristianos tienen personas cercanas en sus vidas que no comparten su fe. Por supuesto que yo me encontraba en la misma situación luego de ser Salvado Instantáneamente; al mismo tiempo,  el Señor no le hizo perder la cabeza por amor a mi esposa. (Ella estaba en realidad, lejos en un viaje de negocios cuando le sucedió. Si quiere, usted puede leer sobre este incidente en el artículo: (Salvada en un armario. Estoy muy segura que si.)

Así que, por si les interesa, aquí están mis recomendaciones sobre qué hacer con los no creyentes en sus vidas:

Hay tres componentes cuando usted tiene una relación con una persona:

Usted, la otra persona, y la relación que existe entre ustedes dos. Eso es todo: Esto es el combo relación. Nada en una relación existe fuera de estos tres elementos. Usted maneja cada uno de estos elementos bien, y todo acerca de sus relaciones va a ir muy bien.

Entonces la pregunta es, ¿Qué actitud—qué principio guía, que verdad emocional en constante motivación—debería usted preocuparse por traer a esas tres dimensiones en su relación con un no creyente en su vida?

Con respecto a usted, sea humilde.

Con respecto a la otra persona, sea amoroso.

Con respecto a la relación que existe entre ustedes dos, sea paciente.

Humildad, amor y paciencia. No hay montaña que estos tres no puedan mover.

Humildad: Usted debe mantener su conciencia puesta sobre esta cualidad cuando usted esté tratando con un no creyente en su vida. Si usted no lo hace así, usted se volverá bulloso en su relación con ellos: Usted (en una forma muy disimulada) comenzará a predicarles, sermonearles, y decirles que, como, y quienes ellos deberían ser. Esa no es la clase de aceite que mantiene a una relación funcionando suavemente. Todos sabemos que debemos ser humildes delante de Dios.

No nos olvidemos entonces que debemos ser humildes frente a las personas en nuestra vida—cada una de ellas, después de todo, ellas son un ejemplo de la creación más grande de Dios, y hechas a su imagen. Recuerde: usted no se merecía el ser salvado. Ser escogido por Dios no es algo por lo cual sentirse orgulloso; es algo por lo que estar agradecido. Sea humilde.

Amor: Como Dios nos ama, debemos amar a los otros. Por supuesto que esto puede ser difícil—miren lo que le costó a Cristo el amarnos incondicional y absolutamente. Si nuestro señor puede sufrir esto, nosotros también podemos sufrir cualquier dolor emocional o sicológico que nos cause el permanecer amorosos hacia cualquier persona en nuestra vida—y especialmente hacia cualquier no creyente, por quien podemos confiar en que Dios tiene un interés especial. Dios cuenta con nosotros para que amemos a los demás, para ser sus agentes del amor en la tierra. Simplemente ame al no creyente en su vida. Cristo se encarga del resto.

Paciencia: Este es el mundo de Dios, no el nuestro. Nosotros contamos las horas; tenemos relojes y calendarios y demás. Dios se sienta en el corazón de la eternidad. Yo pienso que es seguro decir que Él no está usando un reloj de pulsera. Cuando se trata de su relación con el no creyente en su vida—y especialmente con un no creyente que es muy cercano a usted—sea paciente.

Espere. Nunca deje de esperar. No tenga planes. Deje que la voluntad de Dios, en el tiempo de Dios, forme la relación entre usted y la otra persona. Cuando usted está envuelto en una relación con no creyente, usted está envuelto en una de las dinámicas más importantes y valiosas dadas a cualquier creyente. No intente tomar el control de esa relación; no empiece a conducirla como usted cree que es la mejor forma.

Dele el control al Señor. Todo lo que usted tiene que hacer con el no creyente es sentarse en la silla trasera con ellos—y entonces, lado a lado, ustedes dos pueden disfrutar el viaje.

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